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LAS PEQUEÑAS EMPRESAS Y LAS GARANTIAS SOCIALES PDF Imprimir E-Mail

El autor analiza las garantías sociales como una alternativa ante la imposibilidad de constituir garantías reales, bajo el principio de responsabilidad compartida. Es una alternativa para otorgar garantías y acceder al crédito.

LAS MYPE Y LAS GARANTIAS SOCIALES
 
Javier Lagos Quiroz
            
No es una novedad afirmar que las Micro y Pequeñas Empresas (MYPE) conforman un importante segmento emergente de nuestra economía. Tampoco es exagerado afirmar que es sin duda el sector económico de mayor potencial de desarrollo. Incluso si nos enfocáramos sólo en el segmento formal, las MYPE representan más del 95% de las unidades empresariales. El fortalecimiento de este sector es pues crítico para que el crecimiento económico se difunda, es decir, para que lo que se ha venido a llamar como el “chorreo” realmente se produzca. Pero para que el desarrollo esperado se dé, el acceso de las MYPE al crédito es un factor vital.
 
Visto desde otro punto de vista, el de las entidades del Sistema Financiero,  el segmento MYPE constituye un interesante nicho de mercado. En efecto, el segmento corporativo como clientela para el otorgamiento de créditos es muy limitado y deja márgenes muy pequeños. En los últimos años, la competencia en ese segmento ha sido muy dura y por ello, las entidades financieras han visto la necesidad de abrirse a nuevos mercados. Para ello han tenido que cambiar de imagen dejando en el ropero el terno de marca para vestir de jean y camisa. En ese afán, los grandes Bancos han visto la conveniencia de adquirir empresas de microfinanzas para que se conviertan en el vehículo que les permita entrar al segmento MYPE. El Perú es un ejemplo exitoso de transición de un mercado de microfinanzas dominado por ONG’s a uno donde compiten Bancos e instituciones de microfinanzas para ofrecer más y mejores productos financieros a las MYPE. Sin embargo, esta oferta es aún insuficiente y está limitada principalmente porque las micro y pequeñas empresas han sido tradicionalmente un segmento de alto riesgo.
 
En ese sentido, si bien actualmente la morosidad [1] en el sistema financiero ha llegado al nivel histórico más bajo [2], la morosidad en el segmento MYPE aún se mantiene en un nivel comparativamente alto [3], debido principalmente a que es un segmento con poca experiencia crediticia. Por ello, además del apoyo crediticio, es importante para las MYPE el factor capacitación y de asesoría.
 
En efecto, como las dos caras de una misma moneda, de un lado, las entidades del sistema financiero ven la necesidad de ampliar el horizonte de su cartera para comprender en ella a las MYPE que ha demostrado ser un segmento ágil, flexible, pujante y con una perspectiva interesante; pero del otro, estas mismas entidades financieras, como intermediarias del ahorro público se ven obligadas a mantener sus niveles de riesgo y no incrementarlos en demasía.
 
Qué son las MYPE:
 
En principio, revisemos el concepto MYPE, para ubicarnos en el contexto. Al respecto, la Ley 28015, Ley de promoción y formalización de la micro y pequeña empresa”, tiene definidas a las MYPE como “…la unidad económica constituida por una persona natural o jurídica, bajo cualquier forma de organización o gestión empresarial contemplada en la legislación vigente, que tiene como objeto desarrollar actividades de extracción, transformación, producción, comercialización de bienes o prestación de servicios”. [4]
 
La misma norma comentada estableció para las MYPE, las siguientes características:
 
a) En cuanto al número total de trabajadores:
 
La microempresa abarca de uno (1) hasta diez (10) trabajadores inclusive.
La pequeña empresa abarca de uno (1) hasta cincuenta (50) trabajadores inclusive.
 
b) En cuanto a los niveles de ventas anuales:
 
La microempresa: comprende hasta el monto máximo de 150 Unidades Impositivas Tributarias - UIT.
La pequeña empresa: se considera a partir del monto máximo señalado para las microempresas y hasta 850 Unidades Impositivas Tributarias - UIT. [5]
 
Se trata pues de pequeñas unidades de negocio, muchas veces unipersonales o familiares, que actualmente desempeñan un importante rol en la economía pues han permitido un crecimiento del mercado interno, la tan ansiada ampliación de la base impositiva y se han convertido en la principal fuente de empleo. Las MYPE han devenido pues en un tema prioritario para el Estado, tanto que la Ley antes comentada ha declarado como política estatal el fomento de las MYPE para permitir su desarrollo y crecimiento.
 
La importancia de las MYPE ha sido también identificada por las entidades del sistema financiero que están viendo en este segmento un importante nicho de mercado para sus colocaciones. Sin embargo y como ya se ha anotado, para asumir el riesgo que supone el segmento, requerirían de fuentes alternas de pago (garantías), eficientes y de fácil realización.
 
El Fenómeno MYPE:
 
En el Perú, las migraciones de la población del interior del país a la capital, acentuadas en la década del 70, generaron un crecimiento desordenado que trajo consigo un desmesurado aumento de la demanda de trabajo que no pudo ser absorbida por el mercado limeño. Ello dio lugar al florecimiento de una economía informal. Esta economía informal, mirada por encima del hombro por la economía formal y por el propio Estado, generó su desarrollo con su propio esfuerzo y sus recursos. Poco a poco se fue convirtiendo en una alternativa laboral llegando a constituirse en parte integrante de la estructura industrial y comercial. Actualmente, la tasa de crecimiento de la población ocupada en las MYPE [6] ha mostrado una tendencia positiva, especialmente en la microempresa, por encima del crecimiento relativo de la misma variable en la pequeña empresa.
 
Las MYPE emplean alrededor del 88% del empleo privado y contribuye con el 42% del Producto Bruto Interno. Pero al lado de este factor cuantitativo, tenemos el factor cualitativo, pues el segmento MYPE constituye un sector empresarial eficiente, competitivo y flexible a los cambios.
 
Visto en cifras, la importancia de las MYPE, puede resumirse en los siguientes datos: [7]
 
Aportan con el 42% al PBI
Participan con el 59.87% de la PEA (Población Económicamente Activa)
Participan en el sector comercio con el 49% y en la actividad de servicios con el 33%
 
No obstante la importancia del segmento, la carencia de recursos financieros que les permitan desarrollar nuevas tecnologías y productos o, abrirse a nuevos mercados, sigue siendo un problema. Al problema de la morosidad antes anotado, se suma el hecho de la carencia de patrimonio de estas empresas, generalmente personales o familiares, que les permita ofrecer a las entidades financieras garantías que mitiguen el riesgo.
Entonces, en la búsqueda de contar con estructuras financieras seguras para las entidades otorgantes de créditos, han surgido formas alternativas de garantía que permiten a estas entidades asumir mayores riesgos, ampliar sus mercados y, por qué no, contribuir, por la vía del financiamiento, con el desarrollo del país.
Una de estas formas de aseguramiento la constituyen las llamadas garantías sociales. Las garantías sociales han surgido como una alternativa a otro tipo de garantías que podríamos llamar “clásicas” (como las garantías reales). Están dirigidas precisamente para el segmento de microfinanzas en el cual, la carencia de patrimonio de las MYPE, no permite el ofrecimiento de otro tipo de garantías.
 
Las Garantías Sociales:
 
Han surgido pues como alternativa a la imposibilidad de constituir garantías reales, para quienes no tienen una situación patrimonial consolidada. Las garantías sociales están basadas en la solvencia moral de las personas y por lo general, supone la intervención de una organización o institución intermediaria, para reducir el riesgo crediticio, como pueden ser las asociaciones de comerciantes, las comunidades campesinas o los clubes de madres. En estos casos, la organización, ejerce un control social sobre sus miembros, de modo que, para la ejecución de este tipo de garantía, basta con activar los mecanismos de presión e imponer sanciones vía la organización social involucrada. En este tipo de garantías, el grupo social ejerce presión sobre el deudor individual, sabedores que su incumplimiento puede acarrear el descrédito del grupo.
 
El principio de las garantías sociales es el de la responsabilidad compartida. Cada integrante asume de manera solidaria la deuda de los demás integrantes del grupo, de modo que, todos los miembros del grupo se comprometen a pagar cuando alguno de ellos no puede cancelar el préstamo. En el proceso de calificación del crédito, la organización social que agrupa a los prestatarios tiene un rol protagónico, pues establece la relación de los miembros habilitados, para lo cual considera aspectos como el buen desempeño como miembro de la organización, participación en asambleas comunales, en las tareas comunes, en el cumplimiento de cuotas, la solvencia moral, la solidez y estabilidad familiar, entre otros aspectos.
 
En otros casos, los solicitantes de crédito se agrupan en Asociaciones, no necesariamente con personería jurídica y como grupo acceden al crédito. En tal caso, las empresas de microfinanzas conceden a cada uno de los conformantes de la asociación, un crédito, sujeto a un cronograma de pagos individual y otro grupal. El crédito está representado por un título valor (pagaré) suscrito por los integrantes de la asociación, quienes además prestan su fianza solidaria respecto de los demás. El contrato prevé que en caso de incumplimiento de alguno de los prestatarios, dará lugar a la resolución anticipada de todo el contrato, dando derecho a la entidad a completar el pagaré con el importe total del crédito impago.[8] 
 
Sin duda el éxito de este tipo de créditos es que involucra a la comunidad en el cumplimiento del mismo. La eficacia depende entonces de la presión del grupo a cumplir el compromiso.
 
Esta modalidad viene ya siendo utilizada por empresas de microfinanzas y algunas cooperativas. Si bien no existen estadísticas sobre su eficacia, se percibe el éxito en su utilización. Ello contribuirá al avance de la bancarización y la difusión de la cultura de crédito aún incipiente en el país. Pero más importante que esto, es la comprobación de que la inventiva para desarrollar formas novedosas nos es innata. El Derecho no es pues una forma estática sino que está en constante movimiento creativo. En los Abogados está la responsabilidad de ser los impulsores para que ese movimiento mantenga la velocidad que el mercado requiere.
 
 
 
 
 

[1] Participación de los créditos vencidos y en cobranza judicial respecto al total de las colocaciones. [2] Según cifras de la Asociación de Bancos del Perú (ASBANC), en el mes de septiembre de 2007, la morosidad de la banca llegó a 1.51%, el nivel más bajo de los últimos 50 años. [3]Según la misma fuente, la morosidad del segmento MYPE, se ubica por encima del 3%.[4]Artículo 2° de la Ley 28015. [5]Artículo 3° de la Ley 28015. [6]Según datos del INEI, 2006. [7] Información al 2002 según INEI, publicada en Mundo Mype(www.mundomype.com). [8]Información proporcionada por Cáritas del Perú.
 
 
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